Una historia sin fin
Thursday November8, 2007 8:16 am
La heroína, alguna vez vinculada a los “adictos” empedernidos en los márgenes de la sociedad, gradualmente ha regresado al escenario de las drogas ilícitas en la corriente principal de Estados Unidos. Los epidemiólogos y expertos en el control de las drogas ilícitas temen que una nueva generación, ignorante del efecto generalmente irreversible de esta droga ilícita, sea parte de la lista de futuros adictos. El relato de destacados adictos a la heroína, conocidos por mantener una fachada de una vida normal durante años, sólo puede agravar el escepticismo juvenil acerca de los verdaderos peligros de la heroína.
Se estima que en Estados Unidos hay unos novecientos ochenta mil adictos empedernidos. Si se incluyen los consumidores ocasionales, tal cifra puede llegar al un millón doscientos mil. Asimismo, cabe señalar que las pruebas de consumo de drogas combinadas, han dejado un panorama nada alentador en la sociedad norteamericana. Cada vez hay más adictos a la cocaína, a la heroína y al crack.
De acuerdo con cálculos del Gobierno de Estados Unidos, la producción potencial mundial de opio aumentó en el año 2000, en casi cinco mil toneladas métricas potencialmente disponibles. Esto es suficiente para cubrir muchas veces la demanda mundial de heroína, lo cual resulta ser una mala noticia para los programas contra las drogas ilícitas en Europa, principal consumidor de la heroína procedente del sudeste asiático. Afganistán sobrepasó otra vez a Birmania en la producción potencial de resina de opio, aunque sus cultivos totales no fueron tan grandes como en años anteriores.
Cabe señalar, que el cultivo afgano de la adormidera subió un veinticinco por ciento en el año 2000, a un total de sesenta y cuatro mil quinientas diez hectáreas, potencial suficiente para producir tres mil seiscientas cincuenta y seis toneladas métricas de opio o trescientas sesenta y cinco toneladas métricas de heroína (veinte veces más que la demanda anual estimada de heroína en Estados Unidos). Comparando, aún cuando Birmania cultivó ciento ocho mil setecientas hectáreas de amapola, su resultado potencial era de mil ochenta y cinco toneladas métricas de resina de opio, un tercio del total afgano.
Podemos considerar que este auge en la disponibilidad agravó los problemas de la adicción a la heroína. A pesar de los intensos programas de aplicación de la ley en la mayor parte de los países de tránsito, la heroína del sudeste asiático sigue llegando en grandes cantidades a cada mercado importante de Europa, Rusia y los otros países de la antigua Unión Soviética. Por el tamaño de los decomisos, parece que cada vez ingresara más y más. Con una demanda de heroína potencialmente interminable y sin posibilidades de que la disponibilidad disminuya seriamente, es posible que en un futuro no muy lejano, sigamos viendo un flujo creciente de esta droga ilícita en casi todos los países del mundo.
En el Hemisferio Occidental, a través de Canadá, la mayor parte de la heroína era decomisada e identificada por las agencias del Gobierno de Estados Unidos. No olvidemos que a partir del año 2000 esta situación se agravó aún más. Las incautaciones se daban a gran escala, siendo la heroína mexicana y colombiana las más requeridas. El grueso de esta era decomisada, al este y al oeste del Río Mississippi, por las instituciones estadounidenses encargadas de aplicar la ley.
En resumen, el problema que afecta al consumo de la heroína a nivel mundial y en especial al mercado estadounidense y europeo, debe ser tratado con cautela y con mano dura. Lastimosamente hay muchos interés de por medio para que su erradicación sea cercana. Lo único que queda por hacer al ver este contexto es tratar de neutralizar el daño que pueda provocar este droga en las futuras generaciones. Daño que puede ser físico, moral y mental. Por eso, se debe tener muy presente todo lo que conlleva su uso. Y para evitarlo tenemos como un gran a los medios de comunicación. De ellos depende en gran medida que un futuro el consumo pueda empezar a bajar de manera ostensible.