Una historia que también enseña: En tiempos de dictadura hasta la sonrisa era subversiva
Wednesday January23, 2008 10:24 am
Lee por Internet los diarios. Ve todos los días el noticiero por TV, y sintoniza las radios peruanas en varios momentos del día, gracias a la revolución en la difusión de los medios, puede estar muy cerca de lo que pasa en el Perú. Su nombre es Carlos Bernales, un ingeniero graduado de la Universidad Nacional de Ingeniería, que diariamente satiriza la actualidad política en uno de los diarios más críticos del Perú. Este Incansable caricaturista de larga trayectoria, a sus 62 años y desde Nueva York, renueva con su humor franco y audaz, su incansable interés por el cambio político y social de una nación que no ha sabido avanzar.
De un sentir político que desde muy niño lo acompaña y que quiso el destino se acaramele de humor. Su fascinación por las caricaturas brotaron en tiempos de dictadura militar del general Manuel Apolinario Odría (Mao, como Sofocleto, otro caricaturista, lo llamaba por sus iniciales). “Mi padre compraba El Comercio todos los días, en su edición matutina y en la vespertina que creo se llamaba El Gráfico. Entre sus páginas habían buenas ilustraciones entre las que destacaban las de Julio Málaga Grenet, un verdadero maestro de la caricatura. Un día vi, yo tendría 4 años, que mi padre rió mucho con una caricatura de Odría, y yo intenté reproducirla en la pizarra en la que mi hermana estudiaba. Parece que salió bien porque cuando mi padre la vio rió mucho, por su parte, mi madre me llenó de besos y de mucha ternura lo que sentí como el mejor premio.
Ha trabajado en varios medios, en Lima y en Trujillo, y participado con caricaturas en cuanta revista a mimeógrafo se hizo y también en muchas aventuras editoriales, hasta que decidió emigrar, y pensó que para ello debía adquirir unan disciplina en algo con lo que me ganaría la vida en el extranjero. Por eso entró a colaborar, en 1984, gratuitamente, aunque pagado con la experiencia adquirida, en El Observador. Adquirió allí el seudónimo de Cabe, que en realidad son sus iniciales, pero también es una zancadilla, lo que aprovechó para títulos, como “Tropezón Político por Cabe” y “De todo, Cabe”. Aunque su destino original era el sur de Francia, de paso para ese país estuvo en Nueva York, donde al llegar hice una serie de caricaturas sobre los personajes políticos locales. Para adquirir experiencia intentó un trabajo en “La Prensa” de Nueva York, un cotidiano fundado en 1920 y que tiene un tiraje diario bastante importante para una comunidad que se calcula sobrepasa los dos millones de habitantes. El mismo día en que se presentó fue contratado, como caricaturista, ilustrador y también para escribir notas de opinión, es decir, la oportunidad de hacer lo que le gusta y ser pagado por ello. No quiso abusar del destino y es así como se quedó en esa ciudad, conocida como “La gran Manzana”, o la capital del mundo, y que en una de sus caricaturas bautizó como “la ciudad más desarrollada del tercer mundo”. Hizo muchas caricaturas, de políticos, artistas, cantantes, actores y actrices, a veces hacía de cuatro a seis caricaturas al día, no era fácil pero le dio mucho entrenamiento y no pocas satisfacciones.
Para ser un humorista político es fundamental una visión crítica de la vida, ser actor activo de la realidad que nos sucede, CABE resalta lo laborioso de dedicarse a trabajar con la política, concepto de por si tedioso y abrumante, y con el humor, una curiosa maquinaria de vitalidad y alegría. “Trabajar con el humor no es fácil: es un trabajo muy serio. No es lo mismo ser humorista que ser un chistoso, lo importante, creo, es apreciar con buen humor y mejor carácter las cosas que a muchos escapa pero que siempre tienen su lado gracioso o irónico. La mayor parte de caricaturistas que he conocido son pésimos para contar chistes, lo que debe interpretarse que no es lo mismo ser humorista que ser chistoso.” Esta historia demuestra que mediante el humor también se educa, porque mostrar la realidad a la gente, también es educar.